Vacaciones y crisis de pareja: tips para evitarla.

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“Después de las vacaciones es cuando más parejas se rompen” o “en Septiembre, a abogados matrimonialistas y terapeutas de pareja se les llenan los despacho” son frases con tufillo a leyenda urbana, a algo que te podías creer, por aquello de que las parejas de repente comienzan a pasar más tiempo juntas que lo que viene siendo normal a lo largo del año pero…no puede ser posible, ¿no?, Igual a todas las parejas no les pasa, pero a casi todas les deben sentar bien las vacaciones, ¿cierto?

 

Las cisis de pareja aumentan durante las vacaciones o justo después de las mismas.

 

Últimamente la estadística y las relaciones de pareja no es algo que se lleven especialmente  bien: “dramáticos” porcentajes de infidelidades, ratio de parejas que rompen pasados 10 años. Momento en el que existe un marcado aumento de las crisis de pareja: sí. Después de las vacaciones.

 

Probablemente hayáis leído algo sobre el tema, aquello de que a lo largo del año con tanto trabajo, compromisos, servicios de televisión en streaming y clases de gimnasio de difícil pronunciación e imposible escritura apenas queda tiempo para hablar y compartir tiempo juntos. Derivado de esto, llegamos a nuestras vacaciones con una relación que no sabemos muy bien en que punto o estado de salud se encuentra, con una pareja con la que apenas hablamos o hacemos cosas juntos y de repente pasamos a compartir las 24 horas de tooodas esas vacaciones,  ¿Qué podría salir mal?

Puede ser que a pesar de esto las vacaciones sean francamente buenas. Pero con una “hoja de servicios anual” en el que la incomparecencia aparece por todas partes, quizá lo sano sería moderar las expectativas y no pensar cosas del tipo “si no hacemos nada en todo el año, esto nos tiene que sentar bien sí o sí”

 

No me merezco discutir en vacaciones, no me merezco tener esta crísis de pareja ahora.

 

Si la pareja está mal, existe un déficit de comunicación (en calidad y/o cantidad), hay problemas enquistados, hemos pasado de puntillas sobre los conflictos, etc. Las vacaciones por si mismas no van a solucionar estos problemas. Es más, en mucho casos no sólo no los mitigarán sino que acabarán potenciándolos ya que tenemos tooodas unas vacaciones para discutir y además con el agravante de pensar ¿pero qué diablos hago discutiendo en vacaciones?, ¡no me lo merezco! ¿Qué clase de persona tengo por pareja?

 

Éste es otro aspecto crucial de las vacaciones. “Me las merezco”. Este pensamiento está sustentando sobre la idea de que “es de justicia que yo disfrute estas vacaciones, todo lo que no sea disfrute es intolerable”. Esto es lo que los psicólogos llamamos una idea irracional, una creencia acerca del mundo que se caracteriza por su rigidez, no admite ningún género de duda y genera malestar. ¿Por qué? Porque nos vamos pasar evaluando gran parte de las dichosas vacaciones si éstas son lo suficientemente buenas y cuando no lo sean o se acerquen mínimamente a no serlas (“¿qué cara es esa que me ha puesto cuando he sugerido lo del barranquismo?”) estallará la revuelta.

Las vacaciones en pareja pueden suponer crisis. Reducir las expectativas es un buen truco para que no suceda

Evitar las crisis en vacaciones cuando se viaja en pareja es posible. Sigue leyendo!

 

Quiero que nuestras vavaciones en pareja sean perfectas.

 

Al hilo de esto es importante moderar las expectativas respecto a las vacaciones. Sí, está claro, a todos nos gustaría que fueran perfectas, que cada euro invertido merezca la pena, que consiga desconectar del todo del trabajo, que mi pareja y yo no discutamos, que los niños se porten bien, que me haga un tiempo perfecto, que tenga más sexo y este sea de mejor calidad, etc. Pero eso puede ocurrir o no y dejar la valoración de las vacaciones sujeta a términos tan “resultadistas”, volátiles e incontrolables además de ser poco realista, es condenarnos a que nos llevemos un mal sabor de boca de las vacaciones. ¿Por qué? Porque con unas expectativas tan marcadas e inamovibles será extremadamente difícil controlar la frustración resultante de que estas no se cumplan.

 

En este sentido se produce una correlación directa. Cuantas más expectativas respecto a las vacaciones y más concretas sean éstas, mayor probabilidad tenemos de que no se cumplan y por ende más posibilidades de sentirnos decepcionados, frustrados y en definitiva, poco o nada satisfechos con nuestras vacaciones.

 

Otro fenómeno curioso al respecto y relacionado con el tema de las expectativas es el del dinero invertido en el viaje. Cuanto más caro y lejano sea el destino, cuanto mayor sea el esfuerzo que se ha destinado a poder construir estas vacaciones, mayor será la necesidad de que todo ello nos sea devuelto en forma de satisfacciones. Esto se traduce en una drástica reducción de la tolerancia a la frustración: seremos mucho menos adaptativos en cuanto a recepcionar los posibles inconvenientes que puedan surgir durante el viaje.

 

Con lo que nos han costado, nada puede salir mal en vacaciones con mi pareja ¿Mito o realidad?

 

¿Qué se puede hacer al respecto? Ser flexible, ceder (ambos), asumir que las cosas nunca ocurren como uno quiere. Habéis trabajado mucho durante el año, esto os ha costado un dinero, ¿qué sentido tiene lamentarse por lo nublado que amanece en Bora-Bora o que la velocidad del plátano loco arrastrado por la fuera borda lleva una velocidad que no facilita que mi cuñado salga volando? Es cierto, os gustaría que nada de esto ocurriera, pero…¿Realmente os imposibilita para disfrutar de las (ansiadas) vacaciones?

En resumen: algunos trucos para evitar crisis de pareja en vacaciones:

– Sed flexibles, intentad llegar a acuerdos que os beneficien a los dos

– Reducid expectativas: las vacaciones no tienen por qué ser perfectas y aún así se puede disfrutar enormemente

– Asumid que el dinero no da la felicidad, por mucho que hayáis pagado, nadie os garantiza evitar discusiones

– Evitad los juicios de valor (por ejemplo: ‘No me lo merezco’, ‘Es injusto’, ‘Somos idiotas…’)

– Desempolvad vuestra capacidad de adpatación: disfrutad del momento, aunque no sea como habías imaginado

 

Para reflexionar: puede ser que vuestra relación tengan alguna dificultas de base, algo enquistado cuya solución o tratamiento halláis postergado a lo largo del año. Las vacaciones por sí mismas no van a solventarlo. Como hemos visto, por el contexto, es posible que las dificultades de acrecenten. Una buena opción es ser realista, flexible y si la situación lo requiere, queréis, consideráis que podría ser positivo, acudir a un especialista a la vuelta de vacaciones. La terapia de pareja puede resultar muy útil tras una crisis de pareja en vacaciones. En Psicologodemadrid podéis pedir cita sin compromiso.

¡Os deseamos unas felices vacaciones!

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Gonzalo Notario

Sobre el autor:

Gonzalo Notario es especialista en terapia de pareja y sexología. Experiencia en intervención psicosocial en el ámbito de familia. Programación, impartición y evaluación de sesiones formativas grupales con niños, adolescentes y padres.
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